jueves, agosto 02, 2007

Láser, centellas y rayos

En episodios anteriores de FCF… habíamos comprendido el funcionamiento básico de un láser. Procesos físicos como la inversión de población y la emisión estimulada, conceptos como el de luz coherente, monocromática y direccional han dejado de tener misterio alguno para los lectores de Física en la Ciencia Ficción. Asimismo, las dificultades intrínsecas para diseñar y construir armas compactas capaces de volatilizar un blanco potencial empiezan a dejarse ver. Cuestiones como el tamaño de las fuentes de alimentación y los sistemas de refrigeración (láseres suficientemente potentes como para destruir un satélite en órbita deberían estar alimentados por reactores nucleares y refrigerados por metales líquidos como litio o sodio, ya que en el espacio no hay agua) adquieren una significación determinante, limitando seriamente la posibilidad de disponer de dispositivos como pueden ser las pistolas de rayos.

Los láseres operativos que poseemos actualmente abarcan longitudes de onda que van desde el infrarrojo hasta el ultravioleta. Me imagino que seguiréis dándole vueltas en vuestras cabezas al asunto de los láseres de rayos X o a los inquietantes gráseres o láseres de rayos gamma. Siento decepcionaros, pues casi todo lo que se está haciendo en el mundo con ellos se halla casi siempre tratado como materia clasificada, ya que su potencial uso militar es evidente y a esta gente le encanta jugar a soldaditos y hacerse los interesantes con los secretitos. Mala suerte. Lo siento. Si os sirve de consuelo, puedo contaros que, por ejemplo, para producir un haz de rayos X sería preciso bombear energía al medio activo que constituye el láser mediante una pequeña explosión nuclear. Me imagino que para el gráser los requerimientos serán poco menos que escandalosos, pero también os digo que si los militares están en ello, acabará lográndose. Es cuestión de tiempo y de dinero.

Bien, pero vamos hacia el desenlace de esta trilogía, que a buen seguro lo estáis esperando con frenética avidez. ¿Qué os parece empezar por esas maravillosas y preciosistas escenas en Star Wars donde se pueden apreciar con total nitidez los rastros de colores brillantes de los rayos láser? Otra decepción: resulta que son físicamente imposibles. ¿Por qué? Pues muy sencillo. Si recordáis, en el primer episodio habíamos dicho que la luz láser era muy direccional. Y ahí reside la cuestión. Si alguna vez habéis observado un puntero láser de esos que ya venden en las tiendas de “todo a 1 euro”, os habréis dado cuenta de que el rastro de la luz no aparece por ningún sitio. Únicamente se percibe un punto luminoso si el haz golpea sobre algún objeto material, como puede ser una pared o el careto de algún pardillo que se ponga por delante. Es decir, que únicamente seremos capaces de “ver” el láser si la luz interacciona de alguna forma con la materia. Si una persona apunta el láser en una determinada dirección, ¿cómo va a ser capaz de ver él mismo el trazo? Para que eso sucediese, la luz debería viajar en dirección a sus ojos, rompiéndose la condición de direccionalidad de la que hace gala la radiación láser. Quiero deciros, además, que este fenómeno no es exclusivo del láser. Con una linterna ocurre exactamente lo mismo. Entonces, ¿por qué vemos la luz de la linterna y no la del láser? Pues, sencillamente, porque la luz procedente de la linterna se dispersa mucho más, el haz se abre a medida que se aleja de la empuñadura. En ese “camino ancho” por el que viajan los fotones se encuentran con partículas de polvo en el aire, chocan con ellas y salen rebotados en todas direcciones, en particular, hacia nuestros ojos. En cambio, el láser viaja por un “camino mucho más estrecho”, interaccionando muy de cuando en cuando con alguna mota o partícula de polvo. Por eso, a veces, se puede apreciar algún que otro destello ocasional. De todas formas, en el vacío del espacio la cosa aún es peor, pues ahí no existe materia alguna con la que los fotones puedan interaccionar y, consecuentemente, salir despedidos en dirección alguna. Deben resultar, por tanto, completamente invisibles. Un truco muy utilizado para poder ver el camino seguido por un rayo láser es el de fumar (os recuerdo que fumar perjudica seriamente la salud) y expulsar el humo por la región por donde viaja el haz. Los no fumadores podéis hacerlo de más formas, una de ellas es introducir la luz del láser en un tanque lleno de agua en una habitación preferentemente a oscuras; otra manera puede ser haciendo chocar dos borradores de tiza bien cargaditos y disparar el rayo a través de la nube de polvo que se genera. Solamente, en algunas ocasiones, cuando el haz transporta una energía considerable (del orden de los miles de joules) el aire queda ionizado, pudiéndose apreciar una estela de chispas, pero jamás la luz procedente del láser mismo.

Otra cuestión que tiene que ver con el poder de un láser como arma de combate se refiere al momento lineal que poseen los fotones. Para una partícula con masa, el momento lineal se define como el producto de ésta por la velocidad con la que se desplaza. Pero, para los fotones, la cosa cambia, pues no tienen masa conocida. Su momento lineal se puede obtener dividiendo su energía por el valor de la velocidad de la luz o, equivalentemente, calculando el cociente entre la constante de Planck y la longitud de onda del fotón. Si se hace esto, enseguida se puede apreciar que el momento lineal de un fotón rojo es mil billones de billones de veces más pequeño que el que posee una bala de 1 gramo que se desplaza a 1 km/s. Cuando dos objetos colisionan, lo que hacen es modificar sus momentos lineales, fundamentalmente. Al golpear un camión con un hueso de aceituna, el primero no suele salir demasiado mal parado. Así, lo mismo debe suceder cuando un rayo láser procedente de una nave de combate del malvado Imperio alcanza al Halcón Milenario del cínico Han Solo. Nunca podrá desplazarlo o inclinarlo, como se puede apreciar en una escena de “El Imperio contraataca”. Si no me creéis, probad a peinar a alguien con la luz de una linterna. Os quedará más de “un pelo de tontos”. Los potenciales efectos letales de los láseres tienen mucho más que ver con el calor que generan que con el impacto que producen. En este sentido, resulta mucho más eficaz una bala. Abrir un boquete en un cuerpo humano con un rayo láser puede requerir hasta 50.000 joules, necesarios para “quemar” piel y músculos. El daño no se produce por golpeo, sino por los efectos derivados del intenso calor generado.

Finalmente, resta el asunto de los sables de luz de los caballeros Jedi. Resulta evidente que no se comportan como láseres, pues la luz se propaga indefinidamente y en línea recta (salvo muy raras excepciones, como al pasar cerca de un campo gravitatorio intenso). Esto no parecen cumplirlo las espadas luminosas de los miembros del “club de amigos de la Fuerza”. Las encienden con un botoncito alojado en la empuñadura y sale un chorro deslumbrante de vivo color que sólo alcanza 1 metro, centímetro arriba, centímetro abajo. ¿Quién la tiene más larga, Luke o Vader? Lo de los dedos índice y pulgar no parece cumplirse aquí, ya que la de Yoda parece tan grande como la del maestro Windu. Estas armas místicas más bien parecen comportarse como lo que los físicos denominamos un plasma, un gas calentado hasta temperaturas extremas (millones de grados), de tal forma que sus átomos han sido despojados de sus molestosos electrones. Ahora, las cargas positivas de los núcleos atómicos y las negativas de los electrones se comportan de forma independiente, pudiendo generar incluso campos eléctricos y magnéticos y comportándose de forma muy distinta a un gas ordinario. Un plasma emite luz cuando los electrones vuelven a recombinarse con los núcleos que por allí pululan, siendo el color de la misma característico de la composición particular y la temperatura del plasma. ¿Quién lo tiene más caliente, Darth Maul u Obi Wan? El problema de disponer de un plasma tiene que ver con la forma de confinarlo, ya que su temperatura destruiría por completo las paredes de un contenedor “tradicional”. La técnica habitual es encerrarlos mediante campos magnéticos diseñados con geometrías muy definidas. Para un sable Jedi, lo ideal sería una configuración cilíndrica. Sin embargo, aparecen problemas. Por ejemplo, de momento, no se conoce método alguno para acortar la longitud del cilindro, tapándolo por la parte superior, evitando con ello que el plasma se derramase y abrasase la mano que lo sujeta. Por otro lado, volvería a aparecer, al igual que con el láser, el inconveniente del tamaño enorme de la fuente de alimentación. Otra pega tiene que ver con la intensidad del campo magnético confinador del plasma, pues su intensidad debe decrecer a medida que nos alejamos de la empuñadura. Quizá parezca, a simple vista, buena la opción del sable doble de Darth Maul, cuyo pomo se encuentra en el medio de los dos haces. Sin embargo, como la longitud de cada una de sus dos “hojas” parece igual de grande que la de una espada “monohaz”, simplemente, el problema parece también doble. Para acabar, ¿cómo es que pueden chocar unas espadas con otras? Una prueba más de que no se puede tratar de láseres y una evidencia más de que se parecen mucho más a un plasma. Esto podría ser perfectamente creíble si los campos magnéticos con los que se confina a éste pudiesen hacerse repulsivos (no en el sentido de asquerosos, sino en el otro). Tristemente, nuestra tecnología aún se encuentra lejos de esta posibilidad, ya que se necesitarían plasmas millones de veces más densos y decenas de veces más calientes de los que somos capaces de producir. Así y todo, el calor en las proximidades del sable resultaría del todo insoportable. Pero ¿qué es esto para alguien que domina la Fuerza?

Centellas, rayos y láser

En el episodio anterior de FCF… habíamos aprendido que las pistolas de rayos guardaban una semejanza digna de mención con los actuales láseres y que éstos requerían de un medio activo para ser operativo. Mediante la técnica del bombeo se lograba invertir la población de los niveles energéticos de los electrones en los átomos del medio activo y se conseguía, por fin, la emisión de luz coherente, monocromática y direccional que constituye la radiación láser. Pero no todo era tan sencillo, ya que aparecía el problema de la dependencia de la efectividad de la emisión estimulada con la frecuencia de la luz emitida por el dispositivo, lo cual hacía tremendamente complicado llevar a la práctica la construcción de armas devastadoras como láseres de rayos X o gamma…

¿Existen láseres con la suficiente potencia como para acabar con una vida humana o con un baboso y libidinoso monstruo alienígena ávido de sexo con bellas mujeres terrícolas? Empecemos por el principio y veamos los tipos de láser conocidos en la actualidad (pido perdón a alguno de ellos que me pudiese olvidar). El primer láser operativo, construido por Maiman en 1960, tenía como medio activo un sólido, el rubí, y se puede incluir en la categoría de los llamados láseres de estado sólido. Entre éstos, actualmente, uno de los más utilizados es el Nd:YAG (granate de aluminio e ytrio dopado con neodimio), que produce radiación, preferentemente, en el infrarrojo con una longitud de onda de 1060 nanómetros (milésimas de micra o milmillonésimas de metro). Con él se han llegado a generar potencias de hasta 1 kilowatt en el modo continuo (la radiación se emite de forma continua en el tiempo) y mucho mayores en el modo pulsado (la radiación no se emite de forma continua, sino a impulsos que duran lapsos de tiempo tan cortos, que el ojo no los percibe), al superponer algunos formando un tándem. Existen, también, láseres de rubí capaces de proporcionar potencias de gigawatts (miles de millones de watts) durante unos pocos nanosegundos. En diciembre de 1984 el láser Nova de los laboratorios Lawrence Livermore en California, formado por diez haces simultáneos, emitió una radiación ultravioleta durante 1 nanosegundo, produciendo una energía de 18.000 joules. Se trata de un láser de vidrio dopado con neodimio y puede focalizar hasta 120 billones de watts en un pequeño bloque de combustible nuclear para iniciar una reacción nuclear de fusión. En 1996 se lograron pulsos de 1250 billones de watts de 580 joules durante unos breves 490 femtosegundos (milbillonésimas de segundo). Existen, asimismo, láseres de gas, que utilizan preferentemente gases nobles (el más utilizado es el de He-Ne, que empleamos en clase para hacer demostraciones), dióxido de carbono (produce luz de 10,6 micras de longitud de onda), nitrógeno molecular (genera radiación en el ultravioleta a 337,1 nanómetros) o fluoruro de hidrógeno, entre otros. Un láser de dióxido de carbono de unos pocos kilowatts puede ser capaz de abrir un agujero en una placa de acero de más de medio centímetro de grosor en algo menos de 10 segundos. Otros tipos de dispositivos láser son los de semiconductores. Entre sus ventajas se cuentan su alta eficiencia (bajas pérdidas) y su pequeño tamaño, que puede llegar incluso a ser de las dimensiones de un grano de arena; las potencias de emisión pueden llegar a los 200 miliwatts. Aunque, al principio, necesitaban enfriarse a temperaturas del orden de la del nitrógeno líquido (-196 grados centígrados), en la actualidad se encuentran disponibles en el mercado y funcionan perfectamente a temperatura ambiente. Los láseres químicos son bombeados mediante energía generada en una reacción química. El más conocido es el láser de fluoruro de deuterio y dióxido de carbono. Su gran ventaja es que no necesita fuente de alimentación externa, ya que la reacción entre el flúor y el deuterio produce la energía suficiente como para bombear un láser de dióxido de carbono. Finalmente, se pueden encontrar láseres líquidos y de electrones libres; estos últimos precisan un acelerador de electrones y un potente campo magnético para desviarlos y dirigirlos adecuadamente.

A la vista de todo lo anterior parece fácil afirmar que láseres como algunos de los que hemos citado pueden ser perfectamente utilizados como armas muy poderosas. Pero, si sabéis leer entre líneas, hay algunas cosas que he pasado por alto de forma deliberada o las he dejado entrever de forma muy sutil. Me estoy refiriendo al asunto de la eficiencia, es decir, a la relación entre la energía generada por el artilugio y la energía desperdiciada o no aprovechable directamente como poder mortífero. Veréis, resulta que para que el láser funcione correctamente hay que proporcionarle algo con lo que se produzca la inversión de la población y, consecuentemente, la emisión estimulada. Esto se hace con una fuente de alimentación. Mucho de ese poder se pierde en forma de calor y, muy raramente, se consiguen rendimientos superiores al 25-30 %. La consecuencia inmediata es que se precisan sistemas de refrigeración que acompañen al láser. Y aquí viene lo bueno, pues esas fuentes de alimentación y esos sistemas de refrigeración han de ser enormes. De hecho, la más compacta de la que disponemos actualmente tiene el tamaño aproximado de un tráiler (más de 100 metros cúbicos). Puede que esto no sea impedimento a bordo de un destructor imperial intergaláctico o en la Estrella de la Muerte, pero sí que constituye un serio contratiempo a la hora de llevar un arma de éstas en la mano. Uno de los láseres más poderosos con el que contamos en la Tierra es el MIRACL, capaz de generar potencias de 2,2 millones de watts y diseñado para alcanzar objetivos en el espacio. Su tamaño es descomunal. A pesar de todo, estas armas terroríficas perderían eficacia al ser disparadas desde el espacio con la intención de destruir objetivos en tierra, ya que la radiación de un láser se ve seriamente afectada por el aire y las condiciones meteorológicas. Si un haz suficientemente intenso atravesase la atmósfera, el aire se calentaría y se crearían turbulencias, dando lugar a áreas de altas y bajas presiones que harían desviarse al rayo. No obstante, para aquellos de vosotros con espíritu sanguinario, un fino halo de esperanza: hasta lo anterior se puede aprovechar para diseñar un arma. Existe en el mundo real un láser de rayos ultravioletas, el cual afecta, a su paso, al aire circundante creando una especie de túnel de iones positivos y negativos. El láser, por si mismo, no produce daño alguno en el blanco, pero junto con él se envía una corriente eléctrica que viaja por el canal iónico anterior y que es la que le atiza una buena sacudida al objetivo. El pequeño inconveniente es que semejante arma tiene, aún, el tamaño aproximado de una mesa de cocina.

Fin de este episodio de FCF…(Esto es por quejaros de que los posts son largos).

Rayos, láser y centellas

Las primeras aventuras espaciales que inundaban todas las revistas “pulp” en las primeras décadas del siglo pasado trataban de héroes fantásticos que viajaban por mundos lejanos y exóticos librando batallas contra malvados y todo tipo de criaturas extraterrestres. El denominador común de las armas utilizadas era casi siempre la ya mítica “pistola de rayos”, la “pistola de energía” y los “desintegradores”, unos dispositivos cuasi todopoderosos y capaces de aturdir, matar o vaporizar su objetivo, dependiendo de lo dadivoso que se mostrase el héroe de turno. Así, personajes como Buck Rogers o Flash Gordon poseían armas de este tipo, probablemente inspiradas por el terrible “rayo calórico” del que habían hecho gala los marcianos invasores de “La guerra de los mundos” en 1898. Unos años después, durante la década de los 60, los protagonistas de Star Trek maravillaron al mundo con su “fáser” y, a finales de los 70, Han Solo y Luke Skywalker, entre otros, nos deslumbraron con su “bláster”, para delirio de los fans de Star Wars.

¿Qué tienen en común todos estos artilugios, surgidos de la mente calenturienta del hombre y creados para la destrucción? Pues que todos ellos son, en todos los casos, armas muy manejables, siempre accionadas desde las manos de sus poseedores y parecen emitir luz. ¿Qué son? ¿Cómo funcionan? ¿Tienen alguna base científica? Éstas y otras preguntas encontrarán respuestas adecuadas en un momento. Ahora, un poco de publicidad…























Ya estoy aquí de nuevo. Antes del corte publicitario, estaba diciendo que las pistolas de rayos eran fuentes de emisión de luz creadas como armas de mano. Este hecho me recuerda que, en nuestro aburrido mundo real, poseemos un artefacto que también es capaz de hacer algo similar, aunque no del todo. Se trata del láser, un término que alude a las iniciales de la palabra inglesa laser y que significa “light amplification by stimulated emission of radiation”. El principio teórico del funcionamiento del láser se debe al trabajo de Charles Townes en la universidad de Columbia, donde construyó, en los años 50 del siglo pasado, el máser, un dispositivo que emitía un haz de microondas en lugar de luz. A finales de esa misma década, en colaboración con Arthur Schawlow, establecieron los fundamentos para hacer realidad el primer láser, pero en 1960 se les adelantó Theodore Maiman (fallecido el pasado 5 de mayo), de los Laboratorios Hughes en California. La historia de la invención del primer láser es muy curiosa, pues Maiman envió sus resultados a la prestigiosa (¿?) revista Physical Review Letters, pero sus editores rechazaron el trabajo, algo que figurará ya para siempre en los anales de las mayores y más apestosas cagadas de su historia. Con un humor que podréis imaginar, el amigo Maiman decidió hacer público su descubrimiento de una manera nada ortodoxa en el mundo de la Ciencia y lo comunicó directamente a la prensa de Nueva York el 7 de julio (Olé, toro…) de 1960. Hoy en día le debemos cosas como poder soldar retinas oculares desprendidas, destruir tumores, depilación entrepiernil (masculina y femenina), reparación de vasos sanguíneos rotos, eliminación de tatuajes en sitios indiscretos o marcas de nacimiento tipo 666, como la que poseía Damien en “La Profecía”, estimulación de crecimiento de semillas, lectura de CD, DVD o códigos de barras de películas porno al salir, embozados en una cálida gabardina, de un videoclub, elevar objetos por levitación, dirigir misiles, realizar agujeros en diamantes, comunicaciones con ayuda de fibras ópticas y tantas y tantas otras que hacen la vida humana tan placentera y digna de ser disfrutada.

El funcionamiento de un láser se puede describir de una forma bastante simple. Consta de un medio activo, que puede ser un sólido, un líquido o un gas. Los átomos de este medio pueden ser excitados (esto se denomina bombeo) mediante una descarga eléctrica, una pequeña explosión nuclear, una reacción química, etc. De esta manera, se provoca que los electrones de los átomos del medio activo salten hacia los niveles energéticos superiores y decaigan de nuevo, emitiendo fotones según un proceso denominado emisión estimulada. Debido a que, en condiciones normales, la gran mayoría de los electrones se encuentran en el estado fundamental (el de más baja energía) se lleva a cabo lo que se denomina una “inversión de población”, consistente en poblar con más electrones los niveles energéticos superiores para así facilitar la emisión de fotones. Cuando esto se hace de forma correcta, se puede observar a la salida del dispositivo una luz brillante coherente (las crestas y los valles de las ondas que representan los fotones están perfectamente alineadas unas con otras), monocromática (de un solo color) y muy direccional (el rayo apenas se dispersa, se desvía de su trayectoria original) que la diferencia apreciablemente de la luz originada, por ejemplo, por una linterna que produce luz incoherente, policromática (de muchas longitudes de onda diferentes) y poco direccional (el haz se va abriendo a medida que se aleja de la linterna). Si os habéis fijado alguna vez en este fenómeno, habréis podido apreciar que el haz luminoso de una linterna se ensancha varios centímetros, incluso a distancias de unos pocos metros. Con un rayo láser esto no ocurre. De hecho, existe uno apuntando continuamente hacia la Luna y su haz no se ensancha más de 3 km a lo largo de su viaje de más de 380.000 km. Resulta, pues, muy sencillo instalar un espejo en la superficie de nuestro satélite (como hicieron en 1969 Amstrong y Collins) y hacer que el rayo se refleje en él. Midiendo el tiempo empleado entre la salida y la llegada se determina con gran precisión la distancia entre la Tierra y la Luna.

Dependiendo de la naturaleza física del medio activo, el color de la luz láser generada puede ser elegido casi a voluntad, existiendo igualmente en la zona infrarroja, ultravioleta, entre otras, del espectro electromagnético. Sin embargo, no todos los láseres resultan igualmente sencillos de construir y llevar a la práctica. Un inconveniente decisivo a la hora de hacerlos operativos consiste en que, a medida que disminuye la longitud de onda elegida, el proceso de emisión estimulada (absolutamente imprescindible para que tenga lugar el efecto láser) se ve desfavorecido frente a la absorción, resultando dominante éste último, es decir, los electrones atómicos “prefieren” absorber fotones antes que emitirlos. La consecuencia inmediata es que si se quiere construir, pongamos por caso, una terrible arma mortífera como un láser de rayos X o, peor aún, uno de rayos gamma (conocido como gráser), los problemas crecen enormemente y se requieren descomunales cantidades de energía para ponerlos en marcha. ¿Cómo se las han ingeniado, entonces, el capitán James T. Kirk, Han Solo, Luke Skywalker, Buck Rogers o Flash Gordon para poder accionar con un solo dedo armas de un poder destructor semejante? Más aún, ¿cómo es posible un artilugio tan impresionante como el sable de luz utilizado por los caballeros Jedi?

Esperad, esperad al próximo post y veréis…

miércoles, agosto 01, 2007

Veo, veo


Uno de los sueños del ser humano ha sido desde siempre la capacidad para ver sin ser visto, es decir, la invisibilidad. Cerrad los ojos por un momento y pensad en lo que haríais si fueseis completamente invisibles. Estoy seguro de que a más de uno se le pasaría por la mente alguna idea no demasiado "honrada"; en cambio, otros utilizarían el don para conseguir fines altruistas. De todos modos, no os preocupéis demasiado por el asunto, pues la Ciencia actual aún se encuentra demasiado lejos de conseguir un hombre invisible, al menos tal y como se refleja en el cine y en la literatura de Ciencia Ficción.
Probablemente el primer hombre invisible de la historia haya sido el doctor Griffin, personaje creado por el prolífico H.G. Wells allá por el año 1896. Desde entonces, se ha llevado al cine el personaje en multitud de ocasiones. Podemos citar el clásico de James Whale (1933) El hombre invisible, al que seguirían una larga serie de secuelas, unas mejor que otras pero que nunca dejaron la huella de la primera. Más recientemente, el personaje ha vuelto a ser revisado por Paul Verhoeven en su película del año 2000 El hombre invisible y hasta el mismísimo agente 007 utiliza un coche invisible en su película Muere otro día. En el mundo del cómic, también ha hecho acto de presencia nuestro querido amigo invisible. Así, podemos encontrar a la mujer invisible de Los cuatro fantásticos (o su versión infantil de Los increíbles) y también en La liga de los hombres extraordinarios.
Pero, una vez más, vayamos al fundamento científico de la invisibilidad. ¿Cómo puede volverse invisible un objeto?
Para responder esta cuestión es preciso conocer un poco el comportamiento de la luz, pues es ella la responsable de que seamos capaces de ver o de no ver el mundo que nos rodea. Cuando la luz, que es una onda electromagnética, llega a la superficie de separación entre dos medios materiales diferentes, experimenta principalmente dos fenómenos denominados reflexión y refracción. El primero de ellos tiene lugar cuando parte de la luz que incide en el cuerpo sale rebotada hacia el medio del que provenía originalmente; el segundo ocurre cuando el resto de la luz se transmite al interior del segundo medio. Si la luz reflejada por el segundo medio llega a nuestros ojos, lo que hacemos es "ver el objeto" del que proviene la luz. Ahora bien, para que estos dos fenómenos de la reflexión y la refracción ocurran los medios materiales deben estar caracterizados por índices de refracción diferentes (el índice de refracción es un parámetro característico de cada material y se define como el cociente entre la velocidad de la luz en el vacío y en el propio medio). El índice de refracción es una cantidad siempre mayor que la unidad, ya que la luz siempre se propaga con mayor velocidad en el vacío que en cualquier otro medio. Pues bien, lo que hay que conseguir es que el objeto que queramos hacer invisible no refleje ni refracte la luz que le llega y esto se puede conseguir haciendo que su índice de refracción sea idéntico al del medio que le rodea. Esto puede comprobarse con un sencillo experimento que podéis hacer en casa. Coged un vaso lleno de agua e introducid en él un trozo de vidrio incoloro. Como los índices de refracción del agua y el del vidrio son muy parecidos, os parecerá que el vidrio desaparece de vuestra vista, haciéndose invisible.
Sin embargo, hacer lo mismo con un cuerpo cualquiera o, más aún, con un ser humano parece estar más allá de nuestro alcance científico actual. ¿Cómo hacer que todos los órganos de un mismo cuerpo se comporten de la misma manera desde un punto de vista óptico? ¿Cómo se puede conseguir que la sangre, el estómago, el hígado, el pelo, la piel, tengan todos un índice de refracción igual al del aire, si todos ellos son materiales con diferentes propiedades ópticas?
Es más, el índice de refracción de un medio depende de la longitud de onda de la luz que incide sobre el mismo (la longitud de onda es el parámetro físico que da cuenta del color de la luz); esto significa que el color azul se desvía respecto de su dirección original de forma diferente al color rojo.
En la novela de Wells, el protagonista conseguía su objetivo con ayuda de una fórmula química secreta, algo que hoy en día nos resulta de una inocencia casi cómica. En la película de Verhoeven, la invisibilidad también se alcanza gracias a un suero maravilloso de un color amarillo fosforescente que recuerda al líquido reanimador de cadáveres de Re-Animator, la simpática película basada en un relato de H.P. Lovecraft titulado Herbert West, reanimador.

Pero me estoy empezando a ir por las ramas. Volvamos a lo nuestro. Ignoremos por un momento las dificultades extremas para conseguir que la luz no se refleje ni se refracte y supongamos que lo hemos hecho posible. Ahora todo nuestro cuerpo presenta un índice de refracción constante e igual al del aire (si queremos ser invisibles en el agua o cualquier otro medio deberemos tomar la pócima del frasco correspondiente. Leed bien las etiquetas.). Pero esto incluye a nuestros ojos, los órganos con los que somos capaces de ver. La luz cuando llega al ojo humano se refracta en la córnea y en el cristalino, convergiendo sobre la retina, donde se forma la imagen y ésta se transmite mediante el nervio óptico hasta el cerebro. Ahora bien, si la córnea y el cristalino tienen el mismo índice de refracción que el aire, la luz que llega a ellos no podrá refractarse y la imagen no se formará sobre la retina, con lo cual nunca podrá transmitirse hasta el cerebro y, por tanto, éste nunca será capaz de interpretarla. En dos palabras: somos ciegos.

No sé si después de leer las líneas anteriores estaréis demasiado decepcionados como para continuar. Aunque el precio de la invisibilidad completa es alto, siempre hay algún resquicio para la esperanza. Así, investigadores de la universidad de Pennsylvania han desarrollado un recubrimiento que puede hacer prácticamente invisibles los objetos. Este recubrimiento tiene la propiedad de transportar unas ondas llamadas plasmones, las cuales son capaces de canalizar la luz incidente sobre el objeto y volver a reemitirla posteriormente, de forma que todo sucede como si la luz hubiese atravesado el objeto y los cuerpos que estuviesen situados detrás del mismo aparecen frente a él, haciéndole parecer transparente o, lo que es lo mismo, invisible a todos los efectos. Sin embargo, hay una pega. La longitud de onda utilizada debe ser de un tamaño similar al objeto que queremos hacer invisible. Debido a la pequeña longitud de onda de la luz visible, los objetos impregnados con el don de la invisibilidad han de ser extraordinariamente pequeños. ¿A quién le amarga un nanorobot invisible?
Otra forma igual de espectacular de conseguir la invisibilidad es mediante un truco. Existe un dispositivo fabricado en Japón consistente en una cámara instalada en la espalda que graba la imagen que tenemos detrás de nosotros. Mediante un sistema electrónico, la imagen captada se lleva a un proyector instalado en el pecho donde se proyecta. De esta manera, lo que tenemos detrás aparece delante y damos la sensación de ser transparentes. Algo es algo...

Una última cosa. Todas las afirmaciones y comentarios anteriores se refieren a la denominada luz visible, pero ésta solamente constituye una parte muy pequeña del espectro electromagnético, es decir, del rango de todas las longitudes de onda que puede tener una onda electromagnética como es la luz. Así, podemos encontrar los rayos gamma, los rayos X, los rayos ultravioleta o los rayos infarrojos, las ondas de radio, etc. Todos ellos forman parte del espectro electromagnético, aunque nuestros ojos no sean sensibles a esas longitudes de onda. No todos los cuerpos dejan pasar radiación de todas las longitudes de onda, lo cual significa que podemos tener un cuerpo invisible en el ultravioleta pero no en el infrarrojo. Y ahora que digo esto se me viene a la cabeza la película Depredador, donde la criatura alienígena (que, por cierto, tiene la capacidad de volverse invisible a voluntad) persigue por la jungla a uno de nuestros héroes favoritos, utilizando para localizarle un sistema de visión térmico o infrarrojo. Sin embargo, éste deja de ser efectivo cuando la presa (dotada de una cierta inteligencia) decide impregnar su cuerpo con barro, a una temperatura sensiblemente inferior a la del cuerpo humano.

Existe una vieja ley de la Física (ley de Wien) que afirma que cualquier objeto, por el simple hecho de encontrarse a una determinada temperatura, emite radiación electromagnética de una cierta longitud de onda que varía justamente en relación inversa con la temperatura. Esto tiene como consecuencia que el cuerpo humano (o el de los animales) emite radiación preferentemente en el rango infrarrojo, es decir, que el calor que emite nuestro cuerpo es prácticamente radiación infrarroja. Y esto es un problema añadido si quisiéramos ser invisibles porque, aunque fuésemos transparentes en el rango visible del espectro, siempre nos podrían detectar con un visor térmico de radiación infrarroja, como de hecho se hace en la película de Verhoeven.

lunes, julio 30, 2007

miércoles, julio 25, 2007

Polvo eres y en galleta te convertirás

Nueva York, año 2022. La ciudad ha alcanzado una población superior a los 40 millones de habitantes. El planeta entero padece una superpoblación insostenible. El suicidio ha dejado de ser un delito e, incluso, está promovido por el gobierno. La eutanasia está a la orden del día y se ha convertido en poco menos que un espectáculo audiovisual con todo tipo de comodidades, mientras el individuo es liquidado. El pan, la carne y los vegetales frescos se venden en el mercado negro a unos precios que ni las hipotecas actuales. La gente se pelea por un alimento sintético, en forma de inocentes galletas verdosas, denominado “soylent green” (soylent es una contracción de las palabras inglesas “soybean”, que significa semilla de soja y “lentil”, que significa lenteja). En este mundo apocalíptico, el detective Robert Thorn investiga un extraño caso de asesinato. A medida que avanza en sus pesquisas, una realidad terrible va haciéndose evidente. Su venerable compañero, Sol Roth, que actúa como enciclopedia viviente (el papel es demasiado caro) la descubre antes y, no pudiendo soportarla, decide acabar con su vida en un centro de eutanasia. Cuando Thorn llega es demasiado tarde, pero decide seguir, en secreto, al vehículo fúnebre. Éste se dirige a una planta de producción de soylent green, donde se revela la espeluznante verdad en la frase que pronuncia Thorn: “Soylent green is people” (“Las galletitas son gente”, según mi libre traducción). La humanidad se está alimentando de cadáveres.

¿Se trata de una solución viable para acabar con la hambruna? ¿Es un método eficaz a largo plazo o se trata de algo eventual? ¿Qué demonios tiene todo esto que ver con la Física? Os responderé a la última cuestión: casi nada, pero me mola a rabiar escribir, de cuando en cuando, algún post que se salga de la norma (¿os recuerda algo?). Pero, para que nadie se sienta aludido ni ofendido, os diré que el concepto físico de energía anda deambulando por el problema que estoy planteando e intentando resolver. Bien, lo primero que hay que decir es que, a simple vista, podría pensarse que comerse a los cadáveres galletizados de nuestros más muy mejores amigos no parece ser ni agradable ni muy inteligente ya que todos sabemos que la población mundial crece y crece cada vez más. Luego, siempre habrá más vivos que muertos. Así y todo, la cosa podría tener solución si de cada fiambrepersona se pudiesen alimentar varias nofiambrepersonas. Así que, pensemos un poco y hagamos unos números. Fijaos bien cómo piensa, construye y va avanzando una mente analítica y penetrante como la mía. En primer lugar, necesito conocer el equivalente energético de la materia prima que constituye un cuerpo humano. ¿Dónde encontrarla? Pues en Google, caramba, que para eso está. Tecleo y ¡zas! En cuestión de centésimas de segundo, aparecen miles de páginas. Me voy a una que parece fiable, cuya fuente es la FAO (Food and Agricultural Organization of the United Nations) y allí me encuentro justo lo que necesito. Resulta que somos un 61,6 % de agua (el anuncio de la tele está equivocado), 17 % de proteínas, 13,8 % de grasas, 1,5 % de carbohidratos y 6,1 % de minerales (¿será por eso que hay gente que dice que soy una mina?). Ahora bien, cuando bebemos un vaso de agua o un refresco sin azúcar, se supone que no ingerimos calorías. Por tanto, haré la suposición más que razonable de que, tanto el agua como los minerales, no contribuyen al contenido energético de un cuerpo humano. El siguiente paso consiste en averiguar la equivalencia calórica de las proteínas, los carbohidratos y las grasas. El dato me lo encuentro en un documento del “REAL DECRETO 2180/2004, de 12 de noviembre, por el que se modifica la norma de etiquetado sobre propiedades nutritivas de los productos alimenticios, aprobada por el Real Decreto 930/1992, de 17 de julio”. Allí dice que, tanto 1 gramo de proteínas como de carbohidratos, contienen 4 kcal, mientras que la misma cantidad de grasas aportan 9 kcal. Como el gobierno no me merece mucha confianza, trato de comprobarlo. Me dirijo a la despensa de mi humilde cocina y cojo tres paquetes diferentes: uno de cereales de desayuno Krispies, otro de galletas Chiquilín y un tercero de galletas integrales María (son cojonudas, las venden en el Lidl). Leo su contenido desglosado y aplico los parámetros anteriores. Me salen 381,5 kcal para los Krispies (en la caja pone 382 kcal), 466,7 kcal para Chiquilín (470,5 kcal figuran en la etiqueta) y 422,3 kcal para María Integral (el mismo número que en el paquete. Lidl siempre gana). Parece que mi desconfianza inicial se va desvaneciendo.








Según todo lo anterior, al desangrar, destripar, descuartizar, despiezar, triturar, moler y compactar un cadáver de 65 kg obtendremos unos 11 kg de proteínas, casi 9 kilogramos de grasas y algo menos de 1 kg de hidratos de carbono. O lo que es lo mismo, le sacamos los higadillos a cada muerto y disponemos de 128.830 kcal por cada uno. Según la misma FAO que decía un poco más arriba, las necesidades energéticas promedio de un hombre (las mujeres necesitan algo menos) ascienden a unas 2640 kcal por día. Quiere esto decir que podemos reducir nuestra alimentación diaria a un 2 % de chopped de muerto. Para que lo entienda la gente que no está acostumbrada a conceptos físicos tan abastractos, lo que quiero decir es que un muerto proporciona unas 2577 galletas verdes. Si cada pastita de carne fría decrépita pesa 10 gramos, los vivitos y coleando deben ingerir 50 de ellas diariamente, lo que hacen algo más de 51 días para acabar con cada carné de identidad. En tan sólo un año el consumo de galletas por barba se eleva a 18.000 unidades o, equivalentemente, algo más de 7 difuntos enteritos, con su pelito y sus uñitas.










A la vista de este dato contundente, cabe pensar en alguna solución imaginativa. No quisiera terminar sin proponer yo mismo una (otra la podéis encontrar en la figura de al lado) y sin animaros a vosotros a hacer lo mismo. Pongamos por caso que una raza alienígena con intenciones benefactoras hubiese velado por nosotros desde el Neolítico (hace unos 7000 años) y hubiese ido reciclando a todos los “seres humanos” que iban feneciendo. De haber sido así, hoy en día dispondríamos de una megadespensa con casi 150 mil millones de cuerpos galletizados (aquí podéis ver una estimación de este número). Habría alimento suficiente para toda la población mundial actual durante casi 3 años y medio. Menos da un muerto, digo...una galleta.


martes, julio 24, 2007

Los Simpsons, La Quedada

Bueno, como sabéis estos días se estrenará la película de Los Simpsons, y como no podía ser menos ya hemos empezado a movilizarnos para acudir al cine el Sábado 28 Julio (Cines La Maquinista), hora aún por confirmar. Pero bueno, todo el que tenga pensado apuntarse que me lo haga saber porque al igual que con Harry Potter, estaria bien comprar las entraditas por adelantado que sino luego nos encontramos compuestos y sin Homer...
Venga animaros, que sea buena o mala la película da igual; siempre antes y después podremos repetir escenas y frases famosas de la serie para reirnos...y para muestra un botón...

"Alf ha vuelto. En forma de chapas..."

lunes, julio 23, 2007

Ni contigo ni sin ti

En esta ocasión voy a discutir una de las joyas que refulgen con más esplendor en mi clase de Física en la Ciencia Ficción. Se trata de Independence Day, el folletín norteamericano dirigido por Roland Emmerich en 1996 y protagonizada por el graciosillo Will Smith y Jeff Goldblum (en su tropecientosmilésimo papel de genio incomprendido). El argumento es de lo más manido: la típica invasión de extraterrestres malvados con ganas de arrasar la Tierra (con lo grande que es el Universo y todos vienen aquí a parar). Para ello, llegan a bordo de una gigantesca nave nodriza, cuya masa es igual a la cuarta parte de la masa de nuestra Luna y su diámetro es de unos 550 km. Se aproxima hasta alcanzar la órbita geoestacionaria (es la distancia a la que un objeto gira con la misma velocidad de rotación de la Tierra, permaneciendo fija su posición sobre un punto de la misma) a 36.000 km de altura. De la gigantesca mole surgen otras naves menores de 25 km de diámetro que se dirigen a las principales ciudades del mundo con aviesas intenciones. Y con esto basta para mis propósitos porque no pienso contaros nada más. En cambio, sí pienso discutir algunas de las consecuencias que conllevarían las cifras dadas arriba.

La primera de ellas tiene que ver con los efectos de marea que provocaría la nave nodriza al aproximarse hasta 36.000 km de distancia de nosotros, es decir, una décima parte de la que nos separa de la Luna, pero con el agravante de poseer una masa solamente cuatro veces menor. La ley de la gravitación universal de Newton permite afirmar que la fuerza de atracción entre la nave nodriza y la Tierra es 25 veces mayor que entre esta última y la Luna. De esta forma, las mareas producidas en nuestros mares y océanos serían realmente espeluznantes. Eso no es todo, ya que, asimismo, provocaría enormes tensiones y fracturas en la corteza terrestre que darían lugar a terremotos. Otro problema menos conocido tendría que ver con la presencia de un tercer cuerpo en el sistema Tierra+Luna, ya que la nave extraterrestre tiene una masa nada despreciable en comparación con las de los otros dos cuerpos que forman parte del sistema. Esto se conoce en física con el nombre de “problema de los tres cuerpos” y no posee una solución conocida en el caso que nos ocupa (sí se conoce cuando la masa de uno de los tres cuerpos es despreciable frente a las de los otros). Lo más probable es que la dinámica (el movimiento) del sistema fuese de tipo caótico, es decir, que pequeñas perturbaciones en las condiciones iniciales podrían desencadenar efectos muy grandes en el movimiento del sistema, quizá haciendo inestables las órbitas.

En segundo lugar, tenemos la cuestión de la densidad de un objeto de semejantes dimensiones, como es la descomunal nave nodriza alienígena. En la película se puede apreciar que su forma es aproximadamente cilíndrica y, deteniendo la imagen en un fotograma, se puede deducir que su altura es casi la décima parte de su diámetro. Así pues, conocemos su masa y conocemos su volumen (el de un cilindro de diámetro y altura conocidos). Por tanto, la densidad obtenida es de unos 2 millones de kilogramos por metro cúbico, o sea, unas 2000 veces superior a la del agua. O vienen de un planeta muy seco o sus naves no son anfibias. No sé si una densidad como la anterior os dice algo, pero resulta que si le echáis un vistazo a la Tabla Periódica de los Elementos, el que tiene mayor densidad es el osmio y ésta resulta ser de 22.600 kilogramos por metro cúbico, más o menos 22,6 veces superior a la del agua. Y eso que he supuesto que la nave nodriza es un cilindro macizo, cosa bastante irreal ya que en su interior debe de haber huecos para albergar a los pasajeros, instrumental, naves de ataque, etc.

Armado con la densidad anterior, puedo determinar la masa de cada una de las naves de menor tamaño (25 km de diámetro) y ésta resulta ser la nada despreciable cantidad de 2000 billones de toneladas (una diezmilésima parte de la masa de la nave nodriza). Y eso trae otro problema muy serio. Cuando uno de esos platos voladores se acerca a nuestras ciudades, la sobrepresión que debe ejercer sobre el aire que se encuentra justo por debajo del cilindro debe ser tal que iguale al peso por unidad de superficie de la propia nave. Resultado: 400.000 atmósferas. Esta sería la presión que habría en el fondo de un océano cuya profundidad fuese de 4000 kilómetros (y su agua tuviese densidad constante). Por si este dato no fuese lo suficientemente contundente, os diré que los cimientos de un edificio no soportan sobrepresiones superiores a unas pocas atmósferas (menos de diez, dependiendo del material en concreto del que estén construidas) y que la sobrepresión del aire a 10 km de una explosión nuclear medianamente “normal” es de unas 5 atmósferas. Ya veis que no es para nada necesario que los alienígenas se lancen alegremente al combate cuerpo a cuerpo (nave a nave) contra Will Smith y sus camaradas patriotas. Les bastaría con acercarse a nuestras ciudades, pueblos y edificios y simplemente colocarse tranquilamente encima. Nos pasaría como a los deportistas inexpertos ante una situación extraordinaria como puede ser una finalísima, no seríamos capaces de soportar la presión (soportar la presión…¿lo pilláis?).

Al final de la película, nuestros amigos norteamericanos, tan eficientes como siempre en los finales de las películas, consiguen infiltrar un virus informático (eso sí, procedente de un ordenador Apple) en los sistemas alienígenas, inutilizando sus campos de fuerza protectores y posibilitando su destrucción. Las naves invasoras se precipitan hacia el suelo, donde caen con estrépito. Hasta aquí la cosa parece muy normal ¿no es cierto? Pero los que ya empezáis a conocerme, seguro que sospecháis que alguna sorpresa os aguarda agazapada en lo más profundo de mi mente analítica y escrutadora. Pues, efectivamente, así es. Si una nave con una masa como la que ya os dije en el párrafo anterior (2000 billones de toneladas) se desplomase desde una altura de unos 2 km, toda su energía potencial se transformaría en energía cinética al contactar con el suelo. Esta energía se calcula multiplicando la masa de la nave por la aceleración de la gravedad y por la distancia desde la que cae, arrojando este cálculo un resultado de nada menos que 10.000 megatones, es decir, unas 500 bombas nucleares medianamente potentes. Pocos sistemas de autodestrucción más eficaces soy capaz de imaginar. Estos alienígenas son mucho más inteligentes que los incautos humanos que intentan derribarlos, sin saber que se están destruyendo a sí mismos.

Finalmente, tengo que daros una decepción, ya que todo lo que os he contado hasta ahora nunca debería de haber sucedido, pues una nave con la cuarta parte de la masa de la Luna, si frenase desde una velocidad tan modesta (para una nave alienígena supermegagigaavanzada) como 40.000 km/h, la pérdida de energía cinética que experimentaría, y que se transformaría en calor radiado hacia la Tierra equivaldría, aproximadamente, a la energía calorífica emitida por el Sol durante unos 38 minutos. ¿Os imagináis tener al Sol a tan sólo 36.000 km de distancia durante 38 interminables minutos?

viernes, julio 20, 2007

El Recetario de Amatoyoshi.

Na para deciros a lso que les interese que el recetario a sido.....

Remodelado XD, ale aver si sigo con el que lo tengo un poco muerto.


www.Amatoyoshi.blogspot.com

jueves, julio 19, 2007

El disparo más caro de la historia

En este mismo momento que me siento a escribir me vienen a la memoria varias películas en las que se destruye todo un planeta hasta reducirlo a pequeños pedruscos por no decir a pura fosfatina. En la primera secuela de El planeta de los simios es nuestro planeta el que es destruido por una poderosa bomba. También en la agradable y animada Titán A.E. es la Tierra la que sufre un destino similar a manos de una raza alienígena. El hogar de nuestro extraterrestre favorito, Kal-El, el frío mundo de Krypton es aniquilado por su sol, Rao, justo después de ser enviado por su padre, Jor-El, rumbo a la Tierra. Los reactores nucleares en Altair IV, el hogar de los extinguidos krell en Planeta prohibido, son utilizados para acabar con todo el planeta llevándose consigo al monstruo del id, el yo subconsciente del profesor Morbius. Y, por último, el planeta Alderaan, en Star Wars IV, reducido a añicos por la temible Estrella de la Muerte. Quizá esté último ejemplo, junto con el primero, sean los más llamativos debido a que solamente se emplea una única arma para acabar con ellos. Estudiaremos un poco más detenidamente cuáles son los requisitos para acabar con todo un mundo y hacerlo desaparecer en la inmensidad del espacio infinito.

Cuando se forma un planeta o cualquier otro cuerpo con una determinada masa se requiere una cierta cantidad de energía. También ocurre algo similar cuando se desea reunir en una cierta región del espacio un conjunto de cargas eléctricas. Imaginad que al principio, no existe ninguna carga y traéis hasta ese lugar una. Evidentemente, no os costará ningún trabajo mientras esa región no esté influenciada por otras cargas próximas. Cuando ya tenéis situada la primera carga, si deseáis llevar una segunda hasta sus alrededores, os costará un cierto esfuerzo que deberéis realizar a costa de un gasto de energía si las dos cargas tienen el mismo signo ya que ambas tienden a repelerse y “no quieren” acercarse entre sí. En el caso de que tuviesen cargas opuestas, se requeriría la misma cantidad de energía, con la salvedad de que en este caso esa energía “corre por cuenta” de la propia fuerza eléctrica entre ellas. Para entenderlo mejor: si dejáis caer una bola por una pendiente, la energía gastada para llegar abajo es la misma que la que se necesita para empujarla hasta el punto desde donde la dejastéis caer al principio. En el primer caso, la energía la pone la gravedad y en el segundo la ponen vuestros brazos. Los físicos solemos decir que el trabajo es realizado por el campo gravitatorio o en contra del mismo, respectivamente. Bien, después de este rollete aclaratorio para los no iniciados, sigo con la reunión de cargas o de masas, que no hay mucha diferencia entre un caso y el otro. Una vez que tenemos las dos cargas, si queremos trasladar una tercera, habrá que vencer el campo eléctrico creado por las otras dos; para una cuarta, el campo creado por las otras tres y así sucesivamente hasta que hemos terminado. A la suma de todas esas energías gastadas se le llama energía de ligadura del sistema. Y ¿cuál es su importancia? Pues que si quisiéramos volver a reducir el sistema de cargas eléctricas a su estado original, es decir, todas ellas separadas y muy lejos las unas de las otras, volveríamos a necesitar una cantidad de energía igual a la energía de ligadura para conseguir nuestro propósito. Y esto que sucede para un sistema de cargas eléctricas también se cumple para un sistema de masas como puede ser un planeta (ahora la energía es de origen gravitatorio). Y llegamos al quid de la cuestión. Cuando se suman todas esas energías requeridas para ir acumulando pequeñas cantidades de masa hasta reunir la masa total del planeta, resulta que el valor final es proporcional al cuadrado de la masa del planeta e inversamente proporcional a su radio, siendo la constante de proporcionalidad la constante de la gravitación universal que aparecce en la ley de Newton. Queda solamente, pues, sustituir los valores de esos tres parámetros y se obtiene la energía necesaria para formar el planeta en cuestión o, análogamente, para destruirlo, que es lo que nos ocupa en este momento. Solamente para destruir minúsculos cuerpos astronómicos, como los más pequeños asteroides que se encuentran entre las órbitas de Marte y Júpiter o los diminutos satélites de Marte (Fobos y Deimos, con diámetros de 10 km y 6 km, respectivamente) sería necesario todo el arsenal nuclear terrestre. Para la Tierra, se necesitarían unos 375 millones de cuatrillones de Joules, es decir, la misma energía que se liberaría si hiciésemos detonar 4 trillones de bombas como la de Hiroshima. Si las 5.999.999.999 personas que habitan actualmente en nuestro planeta (me he excluido yo porque tengo que seguir escribiendo este blog) se pusiesen a fabricar una bomba cada segundo emplearían cerca de 20 años. El consumo energético mundial durante el pasado año 2003 fue de unos 440 trillones de Joules. Esto significa que para destruir un cuerpo masivo como la Tierra sería necesario el consumo energético mundial correspondiente al año 2003, pero durante ¡¡60 veces la edad del Universo!!

Finalmente, si hacemos caso de los datos que figuran en Internet sobre el planeta Alderaan, su diámetro estimado es de unos 5500 km y su gravedad superficial parece similar a la terrestre, ya que en toda la saga de La guerra de las galaxias, los personajes que por allí pululan, siempre parecen desplazarse de forma análoga a como nos movemos aquí en la superficie de la Tierra. De esta forma, podemos estimar la masa del hogar de la princesa Leia en 0,2 veces la del nuestro y, por consiguiente, "únicamente" (nótese la fina y sutil ironía) se requiere el 8% de la energía estimada un poco más arriba. ¿No resulta un tanto pretenciosa la exhibición de poder del comandante Grand Moff Tarking?

Lo peor es que ahora empezaréis a especular y proponerme todo tipo de formas de generar energía capaces de satisfacer vuestra morbosa e inagotable sed de sangre. Allá vosotros y vuestras conciencias, mis queridos y sanguinarios lectores

Mono + Mona = Monito

Bueno, hacia ya timepo que no colgaba nada, jeje mas que nada porque no encontraba nada a al altura, pero hoy, hoy he encontrado algo que me ha puesto los pelos de punta, El niño predicador!!!!, que segun el toda evolucion demostrada hasta ahora son mentiras, y todo en su totalidad esta creado por... el unico, el inconfundible, el eeeeeeeeeessss, Dioooooooooos!!!!


P.D.: el niño hay un trozo que parece que te va a lanzarun kamehame XDD
pero el estado de Kansas me obliga a presentar la alternativa de la iglesia a la teoria de la evolucion.

miércoles, julio 18, 2007

paraMagneto, diaMagneto y ferroMagneto

















Uno de los supervillanos más conocidos del fandom es Magneto, el Señor del Magnetismo, y archienemigo de los X-men. Llevado al cine recientemente en una trilogía (X-men, 2000; X2, 2003; X-men 3: la decisión final, 2006), un tanto descafeinada en comparación con la extensa historia proporcionada por la compañía MARVEL, donde ya apareció en el primer ejemplar de X-men en septiembre de 1963. Magneto es capaz de crear y de manipular campos magnéticos, aparentemente con la fuerza de su voluntad. Así, consigue levantar, volcar, frenar casi todo tipo de objetos: coches, camiones, aviones y personas. Cuando tiene la mala suerte de ser atrapado, es encerrado a buen recaudo en una prisión construida de un material plástico, por si las moscas (mejor dicho, por si los campos magnéticos). De todas formas, también consigue evadirse de esta prisión tan poco convencional, utilizando la complicidad de Mística, la mutante polimórfica, que ha sido capaz de inocular hierro en el flujo sanguíneo de uno de los guardias. ¿Distan estas cosas mucho o poco de la realidad?

Veamos, suelen contar los libros que existen tres tipos principales de materiales magnéticos: los paramagnéticos, los diamagnéticos y los ferromagnéticos (existen otras categorías pero, de momento, con estas me apaño). Detengámonos un poco en cada uno de ellos.

Los átomos que constituyen toda la materia que conocemos están formados, básicamente, por electrones y un núcleo donde se encuentran los protones y los neutrones. Utilizando una imagen clásica (esto quiere decir que no está basada en la física cuántica, que es la que describe el comportamiento de la materia a nivel atómico y subatómico), se pueden visualizar las órbitas electrónicas como pequeñas espiras o circuitos de corriente eléctrica (una corriente eléctrica es, en pocas palabras, un movimiento ordenado de cargas eléctricas). Estas corrientes eléctricas microscópicas son capaces de generar campos magnéticos propios, comportándose así como minúsculos imanes que se caracterizan por un parámetro de carácter vectorial denominado momento magnético. Debido a que, habitualmente, las espiras están orientadas al azar a lo largo de todo el material, la suma de todos los momentos magnéticos de todos los átomos o moléculas que conforman dicho material se hace cero, aún cuando el momento magnético de cada átomo o molécula particular no lo sea. Suele decirse que este material tiene momentos magnéticos permanentes. Sin embargo, si se somete a estos materiales a un campo magnético externo, el alineamiento al azar puede desaparecer parcialmente y aparece una orientación también parcial en la dirección del campo magnético externo. Esto tiene como consecuencia que estos dos campos, el externo y el producido por el propio material sumen sus efectos, apareciendo una fuerza de atracción entre el material y el agente productor del campo magnético externo (un imán, por ejemplo), con la salvedad de que esta fuerza suele ser débil. Por otro lado, la temperatura se opone a todo este proceso ya que aquélla contribuye al desorden de los momentos magnéticos de los átomos. Cuanto más alta sea la temperatura, más desordenados estarán los momentos magnéticos y tanto más difícil será alinearlos en la dirección de un campo magnético aplicado. Los materiales que se comportan de este modo reciben el nombre de paramagnéticos y los momentos magnéticos atómicos permanentes se deben a que poseen lo que se llama “electrones desapareados”. Entre los materiales paramagnéticos podemos encontrar el aluminio, el platino, el manganeso y el cromo, entre otros.

Los materiales diamagnéticos se caracterizan por tener “electrones apareados”, o lo que es lo mismo, el momento magnético de cada átomo particular es cero. Cuando se aplica un campo magnético exterior, se induce la aparición de momentos magnéticos no nulos en cada átomo, pero que, precisamente por tratarse de corrientes eléctricas inducidas y, según la ley de Faraday, tienden a alinearse de tal forma que el campo magnético interno que producen es contrario al aplicado, dando lugar a la aparición de una fuerza repulsiva, otra vez entre el material diamagnético y el agente originador del campo magnético externo. A diferencia de lo que sucede con el paramagnetismo, el diamagnetismo es independiente de la temperatura. Materiales diamagnéticos son el bismuto, la plata, el agua, el cobre, el helio y muchos otros. Si se acercase un imán a un pedazo de aluminio (que es paramagnético), éste se vería atraído muy débilmente. En cambio, se puede repeler una pequeña cantidad de agua con ayuda de un imán suficientemente potente.

Por último, los materiales denominados ferromagnéticos están formados por lo que llamamos dominios magnéticos, que son regiones microscópicas caracterizadas porque en ellas todos los momentos magnéticos de los átomos que allí se encuentran están alineados en la misma dirección, aunque ésta no tiene por qué ser la misma en un dominio y cualquier otro contiguo. Al aplicar el campo magnético exterior, el tamaño de estos dominios se modifica, aumentando si las direcciones de los momentos magnéticos dentro del dominio son parecidas a la del campo magnético externo y disminuyendo cuanto más diferentes sean. Al acercar un imán a un material ferromagnético, éste se magnetiza fuertemente, apareciendo una fuerza atractiva grande. Entre los materiales ferromagnéticos se pueden citar el hierro (cuando la temperatura es superior a 768 ºC se hace paramagnético de forma espontánea), el acero, el níquel y el cobalto. Por eso, al aproximar un imán a un pedazo de hierro, éste se ve fuertemente atraído.

Y llegados a este punto, supongo que llevaréis ya un buen rato haciéndoos la siguiente pregunta: ¿Qué rayos tiene todo esto que ver con Magneto y sus habilidades mutantes? Bien. Un poco de paciencia, mis queridos X-lectores.

Como cuenta mi colega James Kakalios en su libro "La física de los superhéroes", el hierro que se encuentra de forma natural en la sangre está presente en la
hemoglobina, una proteína que se utiliza con la misión de recoger y transportar el oxígeno cuando respiramos y evacuar el dióxido de carbono para luego exhalarlo. Dependiendo de que el hierro presente en la hemoglobina capture una molécula de oxígeno o una de dióxido de carbono, la combinación química del hierro con el oxígeno (óxido de hierro) puede dar lugar o no a un compuesto que puede ser magnético o no. Por ejemplo, la magnetita (óxido formado por tres átomos de hierro y cuatro de oxígeno) sí que tiene propiedades magnéticas, pero la hematita (óxido formado por dos átomos de hierro y tres de oxígeno) no las presenta. Así que en un momento dado, la cantidad de óxido de hierro con propiedades magnéticas que puede haber presente en la sangre de un ser humano es variable. Quizá esto justifique el malvado plan de Magneto al hacer inyectar hierro adicional en la sangre de su carcelero. Más bien da la sensación de ser una técnica de evasión bastante chapucera, pues el hierro presente en el organismo reacciona fácilmente con el peróxido, lo cual da lugar a la aparición de los nada deseables radicales libres, enormemente dañinos para el material genético de las células. Además, el exceso de hierro provoca terribles daños colaterales en el hígado, en el corazón y en el páncreas. A juzgar por la escena de la película, cuando Magneto vuelve a extraer el hierro excedente inyectado por Mística en el cuerpo del celador, pueden verse esferitas que a buen seguro pesarán unos cuantos gramos. Con haber esperado un poco, la muerte no hubiera tardado en llegar de forma totalmente natural, pues se estima que un solo gramo de hierro en el organismo puede provocar un envenenamiento serio y tres gramos son mortales de necesidad para un niño pequeño. De todas formas, puede que ni siquiera le hubiese hecho falta acudir a tan abyecto método (y un poco gore, pues extrae el hierro del cuerpo del carcelero a través de la ropa, matando al inquilino de una forma bastante sanguinaria), ya que si realmente Magneto quiere ser conocido como el Señor Absoluto del Magnetismo, podría haberse aprovechado de las propiedades diamagnéticas que posee la molécula de agua. En efecto, cuando al agua se le aplica un campo magnético, los momentos magnéticos atómicos que se inducen son tales que se oponen a este campo, repeliéndolo. Si se diseña cuidadosamente la disposición del campo magnético aplicado se puede hacer levitar un ser vivo debido a que gran parte de su cuerpo está constituido por agua. Y esto es lo que han conseguido en la universidad holandesa de Nijmegen (aquí podéis ver unos vídeos de ranas, saltamontes, fresas y agua levitando en presencia de campos magnéticos). Nuestro querido Magneto bien podía haberse ahorrado la inyección de hierro. Aunque también nos hubiera privado de esta maravillosa escena.

domingo, julio 15, 2007

...

martes, julio 10, 2007

Ordenando Fénixes

Muchos ya estáis avisados, pero por si no...en un principio este Sábado 14 pretendemos ir a ver Harry Potter a la maquinista (horario por consultar). Quien quiera apuntarse que me lo haga saber (de la manera que queráis; acepto mensajes de paracaidistas por ejemplo), más que nada porque al querer ir en sábado lo mejor es comprar las entradas por anticipado. A ver si cuanto antes ya me deciís algo (aunque de algunos ya tengo las respuestas).

Que la Fuerza Os Acompañe!

Respuesta

Bueno, la respuesta que se suponía correcta hasta ahora sería:
Eso se produce debido al llamado Efecto Meissner, según el cual un material superconductor (lo negro) se convierte en un material diamagnético (material en cuyo interior el campo magnético es nulo) al enfriarlo por debajo de cierta temperatura. Ésto (que sea nulo el campo en el interior), hace que el material rechace la interacción magnética del imán( ya que en su interior el campo magnético es nulo), haciendo que el imán se vea obligado a "flotar" en el aire.

En cristiano:

El campo magnético del imán atraviesa el superconductor como el agua una esponja. Una vez enfriado, se "impermeabiliza" al paso del campo, haciendo que flote el imán como una pelota de ping-pong en un chorro de agua



Sin embargo lo que ha dicho Feins lo aclara todo más...así que él es el que está detras de todo esto....hummmm

lunes, julio 09, 2007

Menuda cabeza la mia...


Pues si, menuda cabeza la mía...No es que sea partidario de los San Fermines ni nada de eso en particular, pero teniendo esta imagen debería haberla colgado en su día.....Si es que esto de hacerse mayor tiene un precio muy elevado hehehe.

domingo, julio 08, 2007

Friki Formers!

A la espera de recibir la explicación al anterior video colgado por Astur (y a la que tenga yo un pelín más de tiempo para escribir), aqui va un video algo más sencillo de entender :P
Venga un Saludo y Que la Fuerza Os Acompañe!


lunes, julio 02, 2007

Experimento

Ya que Feins propuso un caso clínico, me dió la idea de poner algo de lo que me sea más cercano a mí (ya como lo que sé de medicina y cero es lo mismo). Es un experimento que para mi gusto es la mar de vistoso.



La cuestión es: ¿Porqué ocurre eso?.
Una pista para quien quiera intentar sacar porque ocurre:
-Lo que vierten en el recipiente es nitrógeno líquido.

domingo, junio 24, 2007

Caso Clínico resuelto!!!

Al fin la espera llega a su fin. Hará un tiempo colgué una especie de caso clínico para que comentáseis, y hoy desvelaré el final ^^. Para aquellos que, como yo, andéis mal de memoria, os vuelvo a colgar lo que en su día puse:
Un residente de medicina de 29 años se despierta un domingo por la mañana con un dolor intenso en el hombro derecho. El no cuenta ningún traumatismo o accidente reciente, y no ha hecho deporte o ejercicio físico recientemente. Consulta a un amigo reumatólogo. El test de Patte era positivo; consiste en una tendonitis aguda localizada en el infraespinoso derecho.
Akena por lo visto ya sabia por donde iban los tiros (sin duda estaba informada del tema). Amatoyoshi no andaba desencaminado pues todos sabemos que la masturbación masculina es juego de muñeca, pero si se quiere añadir algo más de "contundencia" al acto, entra en juego el manguito de los rotadores...y recordemos que el infraespinoso forma parte de dicho manguito. En cuanto al comentario de Dobok podemos descartar la opción del dedo roto de un plumazo, haciendo alusión a la positividad de la prueba de Patte, donde no participan los dedos :P.
Bueno, volviendo al caso....haciendo una anamnesis más detallada al paciente nos encontramos con que el día anterior habia estado jugando a los videojuegos....pero no a uno cualquiera sino nada más y nada menos que a la Wii!!! (si no me equivoco al juego de tenis del Wii Sports).
Como el médico que cayó en la cuenta de todo esto era un poco friki (al fin y al cabo era reumatólogo), se acordó de que existe la Nintendinitis (afección de los tendones del antebrazo y mano descrita en 1990 pornosequé juego de la nintendo) y como entendió que el nuevo mando de la consola comprendía la participación de nuevos y más diversos grupos musculares catologó la patologia como Wiiitis Aguda (Acute Wiiitis). Y ojo al dato! Por lo visto quiere describir diferentes patologias según los grupos musculares afectos dependiendo del videojuego de la Wii (es decir, quiere describir diferentes modalidades para juego de tenis, bolos, futbol, etc....vamos cogéis la idea ! XD).
No me estoy quedando con vosotros! Es real! La Acute Wiiitis ha sido descrita por primera vez en el número de Junio de la revista de medicina The New England Journal of Medicine. A falta de tiempo de hacer un trabajo de investigación más exhaustivo, solo deciros que está descrita ya la Nintendinitis (no sé si también se dice Nintendonitis), y el Pulgar de Play Station (ya os podéis imaginar en que consiste XD).
Solo diré que realmente el nombre de la patologia no es el adecuado, al contrario que el de Nintendinitis, ya que recordemos que el sufijo -itis significa inflamación y el término Wii no hace referencia a ninguna parte del organismo.
Ale ya sabéis! No os acostaréis sin saber nada nuevo!

domingo, junio 17, 2007

PER K-GAR-SE!!!!

Després d'una llarga temporada d'absència per falta d'intenné a casa, torno, sortint de guàrdia per cert, i posant-vos un document increíble:

Es tracta d'una "holofonía", és a dir, un holograma (imatges 3D en un suport 2D) però amb so. Una font ambiental es grava amb un cap de dummy, i els dos canals es combinen en un de sol amb un algoritme especial (no confondre amb l'estéreo, que són 2 canals independents).

RESUMINT: POSEU-VOS AURICULARS (imprescindible) TANQUEU ELS ULLS I DISFRUTEU D'UN TALLAT DE CABELLS A LA PERRUQUERIA VIRTUAL DE'N LUIGI!!!

sábado, junio 16, 2007

Tetris a la japonesa

El último programa salido de la televisión japonesa, como no podía ser menos se trata de un concurso de esos japoneses, en los que hacen pruebas extrañas, en las que la gente va a hacer un poco el ridículo, y de paso ver a los demás hacerlo:

martes, junio 12, 2007

Ponte el cinturoooon

Pues si es la version extendida de la cancion, parece que la tia no se da cuenta de que se mofan de ella, y no solo hace el ridiculo una vez mas, sino que lo hace con publico.

Feins, como la ves, tien remedio ??? XDDD

sábado, junio 09, 2007

Caso Clínico

A ver....ya sé que algunos estamos un poco oxidados en el tema este de los casos clínicos, pero os voy a poner uno muy interesante. Os pongo solo un poco...y luego ya iréis diciendo que preguntar y todo eso que se hace ;)

Un residente de medicina de 29 años se despierta un domingo por la mañana con un dolor intenso en el hombro derecho. El no cuenta ningún traumatismo o accidente reciente, y no ha hecho deporte o ejercicio físico recientemente. Consulta a un amigo reumatólogo. El test de Patte era positivo; consiste en una tendonitis aguda localizada en el infraespinoso derecho.

.......Y ahora....¿que antecedentes le preguntaríais?

jueves, junio 07, 2007

La Alpujarra

Mañana viernes día 8 de Junio teneis una cita con vuestro televisor.
22:15h en el canal Cuatro. Programa Callejeros.
A quien le interese podrá ver pq me encanta tanto ir al pueblo.

martes, junio 05, 2007

Vuelta de tuerca

Aquel que pensase que el Paint solo vale para hacer garabatos y dibujar casitas......estaba confundido, y para muestra un botón xD

lunes, junio 04, 2007

Para los asalariados

Chiquitos y chiquitas!
Vuestra vida a pasado a ser la dura vida del currante asalariao. Eso tiene sus ventajas: conoceis gente nueva, ejerceis la profesión que os gusta, ganais un dinerillo... Pero teneis menos tiempo libre.
Tranquilos!!! Que nadie se alarme!!! Aquí estoy yo, la eterna estudiante, para pasaros los videos frikis del youtube que corren por ahí.
Hoy toca sesión "Factor X":
1. Toda una joya valenciana. Sra. Silvia Padilla, es usted un diamante en bruto (no os podreis quitar la canción de la cabeza!!!):

He intentado poner el video entero pero no me deja ponerlo, si a alguien le interesa que busque en el youtube pq lo que sigue del video no tiene desperdicio, en serio!!

2. Quien dice que la única que sabe mover las caderas es Shakira?


Mis niños, me voy con mi burrita...